Visita a la Cárcel, 10 de Enero 2009

Este sábado pasado, no tenía muchos ánimos para visitar la cárcel. Aunque tenemos la costumbre de ir todos los sábados a la cárcel de La Victoria para compartir la Palabra de Dios con un grupo de hermanos presos allí, ese día no me sentía tan animado.

De hecho, comencé a buscar varias excusas para no ir.

Me dolía un poco la garganta (lo cual era verdad), tenía un poco de nauseas (lo cual era verdad), y me quiso entrar una ataque de pánico debido a que no me sentía bien (lo cual también era verdad).

Entonces mi esposa me confrontó y me dijo:

- Tu lo que tienes es que estás desanimado y no quieres ir. Báñate, cámbiate y vete a la cárcel.

Y luego de esa confrontación, y de saber dentro de mí que era verdad lo que ella me decía, eso hice.

Y algo interesante pasó ese día en la cárcel.

Luego de que terminamos de compartir la Palabra de Dios con los reclusos, un preso, el cual no asiste a las reuniones, y a quien veo prácticamente todos los sábados cuando llegamos a la cárcel, y quien siempre se me acerca a pedirme dinero, se me acercó al final de la actividad.

Me dijo que le diera algo de dinero, y como es costumbre nuestra, le dije que él tenía que hablar con el líder del grupo.

Luego me dijo las siguientes palabras:

- Yo salgo en dos años de aquí, y yo lo que le pido a Dios es que cuando yo salga, EL me cambie.

A lo cual yo le respondí:

- Cuando salgas de aquí, te vas a encontrar con las mismas tentaciones que cuando entraste. Dios te puede cambiar hoy, no tienes que esperar salir.

Y ahí mismo, ese hombre entregó su vida al señorío de Jesucristo.

Me pregunto, ¿qué hubiera sucedido si yo no hubiera ido a la cárcel ese sábado?

Ciertamente creo en la soberanía de Dios, y creo que Dios hubiera buscado otra forma para salvar a este hombre. Pero, ¿qué bendición me hubiera perdido al no haber podido yo ser parte en esto?, ¿qué reprimenda recibiría del Señor el día del juicio, cuando le vaya a dar cuenta de los talentos que puso en mis manos, y de lo egoísta que fui por dejarme llevar de mis emociones antes de querer servirle a EL?.

Gracias a Dios que en su misericordia me permitió ir a la cárcel y servirle de esta manera.

Gracias a Dios por su misericordia y amor por ese preso llamado Henry que entregó su vida al Señor ese día.

Si estás leyendo este blog, ¿me acompañarías ahora mismo a realizar una oración por la vida de Henry, de que su conversión haya sido genuina, y de que Dios complete la obra que inicio en su vida?

1 comentario:

Fernando del Campo dijo...

Te acompaño en oracion.

Saludos