Yo soy de Cristo

Cuanto te sientas tentado a pecar, di: "Yo no puedo cometer esta horrenda maldad, pues yo soy de Cristo". Principios que reputamos inmortales prohíben pecar al que es amigo de Cristo.

Cuando ante ti haya riquezas que puedan ganarse ilegalmente, di que eres de Cristo y no las toques.

¿Estás expuesto a dificultades y daños?, permanece firme en el día malo, recordando que eres de Cristo.

¿Te colocas donde otros se sientan ociosos y no hacen nada?, ¡Levántate a trabajar con todas tus fuerzas!, y cuando empieces a sudar y te sientas tentado a holgazanear, grita: "Yo no puedo parar, pues yo soy de Cristo". Si no fuese comprado con sangre, podría como Isaac, “recostarme entre las majadas”, pero “Yo soy de Cristo y no puedo holgazanear”.

Cuando la música del placer quiera tentarte, para apartarte de la senda recta, contesta: “Tu música no puede fascinarme, pues yo soy de Cristo”.

Cuando la causa de Dios te llame, conságrate a ella; cuando el pobre te pida, dale tus bienes y date a ti mismo, pues tú eres de Cristo.

Nunca desmientas tu profesión. Se siempre uno de esos cuyos modos son cristianos, cuya palabra es como la del Nazareno, cuya conducta y conversación tienen tanta fragancia de cielo que cuantos te vean digan que tú eres del Salvador y reconozcan en ti sus facciones de amor y su semblante de santidad.

"Yo soy romano", era el antiguo motivo para vivir íntegramente. Con mayor razón, pues sea "Yo soy de Cristo" tu argumento para vivir en santidad.

Charles Spurgeon, Lecturas Matutinas, Editorial Clie (2007), Día 12 de Enero

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