Nuestra conversión: Un proceso de por vida

Para muchos cristianos existe un momento de conversión consciente, y tal experiencia “repentina” supone una gran bendición. Tiene que haber para todos nosotros alguna forma de entrada a ese estado de convertidos en el cual nadie se encuentra por naturaleza. Representa una alegría poder recordar como tuvo lugar nuestra entrada en dicho estado.

Pero aún hay más: dejando atrás “la hora en que creí”, la conversión debe transformarse ahora en un proceso de por vida. Desde este punto de vista, se ha definido conversión como un asunto de entregar tanto de uno mismo como se conoce a tanto como se sabe de Dios. Lo cual significa que, a medida que crece nuestro conocimiento del Señor y de nosotros mismos (y los dos se desarrollan juntos), nuestra conversión necesita repetirse y extenderse constantemente.

J.I. Packer, El Renacer de la Santidad, Editorial Caribe (1995), p.138

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