El Nuevo Testamento, el Éxito y la Santidad

Es extraordinario cuán poco dice el Nuevo Testamento acerca del interés de Dios en nuestros éxitos, en comparación con la enorme cantidad de cosas que refiere en cuanto a su preocupación por nuestra santidad, madurez en Cristo y crecimiento hasta la plenitud de su imagen.

Típico de su interés revelado es su mensaje a través del escritor de Hebreos a un grupo de judíos convertidos que estaban siendo acosados, aparentemente por hebreos no cristianos, a causa de su fe en Jesús. En dicho mensaje El no les promete resguardarlos de la dificultad, ni por medios naturales ni sobrenaturales; en vez de ellos les dice (y por lo tanto a nosotros también) que, al igual que Jesús, los cristianos deben concentrar sus pensamientos en el gozo puesto delante de ellos. Han de estar dispuestos a derramar su sangre antes que ceder a la presión y renunciar a su fe. Además, tienen que comprender que las penalidades son la disciplina por medio de la cual su Padre celestial los cincela para una cosecha de santidad, que es aquello que El está resuelto a conseguir en sus vidas. Si no estuvieren siendo así esculpidos, de un modo u otro, tendrían razones para dudar aun de si eran hijos suyos (Heb 12.2-14).

¡Qué cosa tan seria! Pero es algo que deja claro como el agua lo que necesitamos saber: Que la prioridad de Dios en sus tratos con nosotros es hacernos santos.

J.I. Packer, El Renacer de la Santidad, Editorial Caribe (1995), p.215

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