¡Quiera Dios en su misericordia debilitarnos a todos!

Si cada día de mi vida pudiese recordar que la forma de hacerme más fuerte es debilitándome; si aceptara que las frustraciones, los obstáculos y los accidentes de cada jornada constituyen las formas que Dios tiene de hacerme reconocer mi debilidad a fin de que pueda ser posible para mí el llegar a ser fuerte; si no me traicionase a mi mismo con la autoconfianza, basada en mi conocimiento, pericia, posición, habilidad con las palabras, etcétera, durante gran parte del tiempo, ¡que enorme diferencia supondría de mi!.

¡Quiera Dios en su misericordia debilitarnos a todos!

J.I. Packer, El Renacer de la Santidad, Editorial Caribe (1995), p.237, 238

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