Venga a nosotros tu reino

“Venga tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo.”

Mateo 6:10

Cuando el Reino de Dios se acerca trae consigo arrepentimiento y salvación. Es decir, que cuando oramos “venga a nosotros tú reino” estamos también diciendo “venga a nosotros tu salvación”.

El Señor Jesús nos manda a buscar primero su reino y su justicia (Mt. 6:33) antes de estar afanándonos por lo que habremos de comer, beber o vestir, ya que son los gentiles (los que no conocen a Dios) los que buscan con afán éstas cosas. Es evidente entonces que el reino de los cielos no consiste en comida, ni en bebida, sino más bien en vivir una vida santa consagrada al servicio del Señor Jesús.

El reino de los cielos jamás consistirá en declarar y reclamar cosas terrenales, las cuales son vanas y pasajeras, sino en recibir y proclamar el arrepentimiento y el perdón de pecados (Mt. 3:2).

Por lo tanto, cuando oremos “venga a nosotros tu reino” hagámoslo consientes de que lo que estamos pidiéndole a Dios es que “desplace, quite y destruya” todo lo que hay en nosotros que no sea de su reino, para así nosotros poder asir lo que verdaderamente viene de arriba, del reino de la luz.

Por ningún motivo queramos comparar el reino de Dios con las cosas terrenales de este mundo, diciendo que su reino es abundancia de bienes. Más bien digamos que es humildad de espíritu y sencillez de vida después de haberle recibido.

Su reino también trae libertad, sanidad, liberación, pero no olvidemos que todo esto es para que su gloria y honra. Jamás para la nuestra.

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