La causa de todos nuestros males

Queremos consuelo, anhelamos la salvación, pero preferimos seguir sufriendo antes que reconocer nuestro verdadero problema. Nos gustan ofrecimientos de salvación que nos dicen que más que pecar se peca contra nosotros, que se compadecen de nosotros y nos dicen que hemos sufrido durante mucho tiempo sin merecerlo en modo alguno, y que nos ofrecen alguna clase de palabra mágica que nos lo cambia todo.

El camino de salvación que se odia y rechaza es el que nos dice que hemos pecado, que estamos donde estamos porque somos lo que somos y que nos dice que el paso más importante y primordial en nuestra liberación no es cambiar todo lo que nos rodea sino a nosotros mismos. Por ese motivo, el Evangelio de Dios es siempre la última vía de escape que se prueba. Insiste en la confesión de nuestra pecaminosidad y en reconocer que nuestro pecado es la causa de todos nuestros males. ¡Estamos dispuestos a admitir que podríamos ser mejores y puede que hasta deseemos ser mejores, pero odiamos tener que admitir lo malos y viles que somos! Pero ese es el problema, y reconocerlo y admitirlo es el primer paso hacia la salvación.

Martyn Lloyd-Jones, Sermones Evangelísticos, Editorial Peregrino (2003), p.161

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