¿Cuál es nuestra última meta al estudiar Teología?

Si buscamos el conocimiento teológico por lo que es en sí mismo, terminará por resultarnos contraproducente. Nos hará orgullosos y engreídos. La misma grandeza del tema nos intoxicará y tenderemos a sentirnos superiores a los demás cristianos debido al interés que hemos demostrado en él y a nuestra comprensión del mismo; tenderemos a despreciar a las personas cuyas ideas teológicas nos parezcan toscas e inadecuadas, y a despacharlas como elementos de muy poco valor. Porque como les dijo a Pablo a los ensoberbecidos corintios: “El conocimiento envanece… si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo” (1 Corintios 8:1s).

Si adquirir conocimientos teológicos es un fin en sí mismo, si estudiar la Biblia no representa un motivo más elevado que el deseo de saber todas las respuestas, entonces nos veremos encaminados directamente a un estado de engreimiento y autoengaño. Debemos cuidar nuestro corazón a fin de no abrigar una actitud semejante, y orar para que ello no ocurra. Como ya hemos visto, no puede haber salud espiritual sin conocimiento doctrinal; pero también es cierto que no puede haber salud espiritual con dicho conocimiento si se le procura con fines errados y se lo estima con valores equivocados. En esta forma el estudio doctrinal puede realmente tornarse peligroso para la vida espiritual, y nosotros hoy en día, en igual medida que los corintios de la antigüedad, tenemos que estar en guardia a fin de evitar dicho peligro.

J.I. Packer, El Conocimiento del Dios Santo, Editorial Vida (2006), p.25

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