Lo mejor no es lo que queremos

“Sin embargo, considero que mi vida carece de valor para mí mismo, con tal de que termine mi carrera y lleve a cabo el servicio que me ha encomendado el Señor Jesús, que es el de dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.”

Hechos 20:24.

Lo mejor” no es lo que queremos. Ni tampoco lo son nuestros anhelos más profundos.

Lo mejor” no son aquellas cosas por las que hemos estado esperando por tanto tiempo, ni tampoco lo son aquellas que hemos obtenido producto de un arduo esfuerzo y trabajo.

Lo mejor” no es aquello que “dejamos ir” pero que aún nos saca un suspiro y en el fondo aún deseamos.

No, “lo mejor” no es lo que queremos.

Podemos querer tantas cosas, muchas buenas y otras no tan buenas, creyendo que éstas proporcionarán a nuestra existencia la verdadera esencia de su vivir.

Anhelamos sentir y tener con la esperanza de elevar nuestras almas a su máxima plenitud y realización.

Pero en nuestra búsqueda constante de la felicidad parece que no nos hemos dado cuenta que nuestros sueños y deseos, realizados o no, nunca proporcionarán a nuestro espíritu de lo que realmente tiene necesidad, y como somos tan tontos, seguimos invirtiéndonos en cosas vanas y pasajeras, limitándonos al creer que todo está y se resume en ésta tierra, y convirtiéndonos en seres ignorantes al tratar de negar la existencia de un Dios creador.

Si nos rindiéramos por completo al señorío de Jesucristo y recibiéramos la salvación que EL nos ha proporcionado de nuestros propios pecados y sus consecuencias, entonces estaríamos renunciando a todo aquello que impide que podamos experimentar la plenitud que tanto anhelamos y que se encuentra en el gozo de conocerle.

Cuando entregamos todo lo que creemos que es mejor en sus manos, entonces comenzamos el camino hacia una eternidad gloriosa y una libertad plena; el camino hacia el verdadero conocimiento del Dios Santo.

Esto es “lo mejor”.

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