La paradoja peculiar del arrepentimiento

Comentando sobre el Salmo 51, Martyn Lloyd-Jones escribe lo siguiente:

No dudo en afirmar que esta es quizás la prueba más discreta y delicada de si nos hemos arrepentido, o de dónde estamos: nuestra actitud hacia Dios. ¿Lo ha notado usted en el salmo? Dios es el único contra quien David ha pecado, y sin embargo a Dios es el único a quien desea por sobre todo. Esa es la diferencia entre remordimiento y arrepentimiento. El hombre que no se ha arrepentido, pero que solo experimenta remordimiento, evita a Dos cuando comprende que ha hecho algo contra Dios… El hombre a quien el Espíritu del Señor aun no ha tratado, y que aun no ha sido convencido ni se ha declarado culpable, intenta alejarse de Dios, de evitarlo a cualquier costo. No medita, no lee la Biblia, no ora; hace todo lo posible por no pensar en estas cosas. Pero lo extraordinario acerca del hombre que está convencido de pecado por el Espíritu Santo es que aunque sabe que ha pecado contra Dios, es a Dios a quien quiere: “Ten piedad de mí, oh Dios”. El quiere estar con Dios… esa es la paradoja peculiar del arrepentimiento: ¡querer a quien he ofendido!”.

D. Martyn Lloyd-Jones, Out of the Depths, Crossway, Wheaton, 1995, pp. 57-58

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