Una expresión de odio contra el señor

El mayor mal del pecado no reside en el hecho de que es una transgresión de la ley, aunque no hay duda de que se trata de eso (1 Juan 3.4). Pero la verdadera maldad del pecado es producto de su naturaleza como afrenta personal hacia un bueno y misericordioso Dador de la ley. Nuestro pecado es una violación calculada y deliberada de la relación que tenemos con nuestro creador…

Cuando pecamos estamos mostrando desprecio por el amor paternal de Dios y por su santa autoridad. No solo rechazamos su ley sino también su misma persona. Pecar es negarle a Dios su lugar. Es una expresión de odio contra el Señor. Equivale a desear que Dios estuviera muerto; es deshonrarlo. Y ya que todo pecado tiene en su núcleo este elemento de desprecio por Dios, hasta el pecado más leve tiene suficiente maldad para desencadenar una eternidad llena de privación, desgracia y sufrimiento. Prueba viva de eso es que la realidad del mundo entero de maldad humana proviene en su totalidad del simple acto de desobediencia de Adán (Romanos 5.12,19; 1 Corintios 15.21-22).

John MacArthur, Memorias de Dos Hijos, Grupo Nelson (2008), pp. 85-86

 

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