Una respuesta a las modas teológicas modernas

Este post de hoy viene cortesía de nuestro hermano José (Pepe) Mendoza:

Siempre que he tratado de encontrar una respuesta entre las muchas modas teológicas modernas, mi alma siempre se ha inclinado a la respuesta del viejo Alberto Benjamin Simpson. Comparto este pequeño tesoro con ustedes:

“Deseo hablarles de Jesús, y solamente acerca de Él.” A menudo oigo decir, “Si sólo pudiese asirme de la sanidad divina, pero no me es posible”. 

Frecuentemente dicen, “La tengo”, pero si les pregunto, “¿Qué es lo que tienen?”, la respuesta a veces es, “Tengo la bendición”, o “Tengo la teoría”, o “La sanidad”, y en ocasiones, “recibí la santificación”. Yo doy gracias a Dios por haber aprendido que no es la bendición, no es la sanidad, no es la santificación, no es aquello que deseamos, sino que es algo mucho mejor. Es “El Cristo”; es “EL MISMO”. ¡Cuán a menudo aparece esta palabra, “Ciertamente llevó El mismo nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores”; “Quien llevó El mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero”. Es la persona de Jesucristo lo que deseamos. Hay muchos que tienen la idea pero no reciben provecho de ella. La tienen en la cabeza, en la conciencia y en la voluntad, pero por alguna razón no le reciben a El en su vida y espíritu, porque solamente tienen aquello que es una expresión exterior y símbolo de la realidad espiritual.

Por fin Él me dijo, y tan tiernamente: “Hijo mío, tómame a Mí, y déjame ser yo mismo en ti la fuente continua de todo esto”. ¡Y cuando por fin quité mis ojos de mi santificación y de mi experiencia, y los fijé en el Cristo en mí, encontré, en lugar de una experiencia, al Cristo que es más grande que la necesidad del momento, al Cristo que es todo lo que yo podría necesitar, ¡quien me había sido dado de una vez y para siempre! Cuando pude ver a Cristo de esta manera, tuve gran paz; todo estaba bien, y estaría bien para siempre. Porque ya tenía no sólo lo que podía asir a esa pequeña hora, sino a Él, también todo lo que necesitaría en la próxima y la próxima y así sucesivamente. A veces vislumbro lo que será de aquí a un millón de años cuando “los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre” (Mateo 13.43) y tendremos “toda la plenitud de Dios”.

Alberto Benjamin Simpson

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