Pastor, ¿sabe en que pienso cuando su servicio se extiende?

Un oyente en una iglesia rural le dijo una vez a su pastor:

- “Pastor, ¿sabe en qué estoy pensando cuando usted se pasa de las cuatro y media en el servicio de la tarde?”

- “No” le contestó el predicador.

- “Bueno, pues entonces le seré claro. No estoy pensando en lo que usted está predicando sino en mis vacas. Ellas están esperando que yo vaya a ordeñarlas y pienso que usted debe tener algo de consideración por ellas y no mantenerlas esperando por mí tanto tiempo.  ¿Cómo se sentiría usted si usted fuera una de esas vacas?”

Quizás el ejemplo es extremo, pero la verdad es que un buen sermón no tiene por qué ser largo. Pensamos que debido a que vivimos en una sociedad acostumbrada al entretenimiento y con poca concentración por un largo período de tiempo, debemos forcejear a nuestro público a doblegar su carne pasando mucho tiempo escuchándonos. Mas sin embargo, pudiéramos encontrarnos doblegando su espíritu si como predicadores no somos sensibles a sus circunstancias.

Charles Spurgeon dijo una vez que la entrega de un sermón era como poner un huevo a hervir. Si no somos lo sumamente cuidadosos, fácilmente lo dejamos quemar.

“El tiempo del orador debe ser medido por la sabiduría. Si él está desprovisto de criterio y se olvida de las circunstancias en las que se encuentran sus oyentes, él se pudiera convertir en una gran molestia para ellos. En una casa un pastel se está quemando. En otra un niño necesita de su madre. Y en otra un sirviente se debe a una familia.” Charles Spurgeon

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