Una dependencia enfermiza

Muchos cristianos, en algún momento, hemos cometido el error de depender demasiado de nuestros pastores, hasta el punto que les dejamos a ellos tomar por nosotros las decisiones importantes de nuestras vidas; el trabajo que debemos escoger, la chica con quien debemos casarnos, y en algunos casos, hasta la ropa que debemos ponernos. (Mis amigos de América me dicen que esta dependencia está más arraigada en los países de Latinoamérica.)

Y el problema no está en pedir consejos, escuchar y someternos a los siervos que Dios ha levantado para servir a su iglesia, sino, en esa dependencia enfermiza que muchos hemos creado hacia nuestros pastores (y que muchos pastores tanto disfrutan), donde pareciera mostrar que nuestra relación con Dios depende directamente de nuestra relación con ellos. Como si nuestro cordón umbilical espiritual estuviera pegado a nuestros pastores, y no directamente a nuestro Señor.

Por favor no me mal interprete. No estoy en contra de escuchar y someternos a nuestros pastores, lo cual es un mandamiento bíblico. Lo que si estoy en desacuerdo, y encuentro anti bíblico, es concederles a nuestros pastores una autoridad sobre nuestras vidas que Dios en su palabra no les ha dado.

No podemos seguir viviendo vidas dependientes de otros hombres para nuestro caminar con Dios. Mientras esto siga así, seguiremos en altas y bajas siempre que nuestros pastores suban o caigan delante de nosotros. Nosotros necesitamos primeramente poseer una relación directa y sin interrupciones con nuestro Dios, quien es el Gran Pastor. Y una vez nuestras vidas estén seguras en EL, y tengamos esa relación saludable y de continua comunicación con EL, entonces y solo entonces, nuestra relación con las demás personas (incluyendo nuestros pastores) tendrán el correcto lugar que se merecen. Pero nada ni nadie puede suplantar el lugar que Dios tiene sobre nuestras vidas, ni su señorío sobre nosotros. Ni siquiera nuestros pastores.

Por muchos años de mi vida yo tuve esa relación enfermiza con mis pastores, donde yo no podía decidir por mí mismo muchas cosas de mi vida. Hoy en día las cosas son diferentes. Quizás porque estoy en una iglesia muy grande y el pastor no puede involucrase mucho conmigo. O quizás porque Dios le ha placido mostrarme su gracia en mi total dependencia de EL. Pero sea por una razón u otra, este ha sido un tiempo bueno para mi alma (aunque un poco doloroso en algunos momentos.)

No hay comentarios: