Libertad no es hacer lo que apetecemos

“Nuestra cultura está muy arraigada en el hedonismo, lo que significa que lo único que le importa es el placer. Vamos a donde nos apetece ir, hacemos lo que tenemos ganas de hacer, vemos lo que deseamos ver, y comemos lo que apetecemos comer, y Dios se apiade del alma que nos diga que hagamos lo contrario.

Pensamos que hacer lo que nos viene en gana es muestra de poder y libertad, cuando en realidad, esto no es más que satisfacer los apetitos de nuestra carne. La verdadera libertad se encuentra en ser capaces de mirar fijamente a los ojos de los deseos de nuestra carne y poseer el poder de hacer lo contrario.”

Chuck Norris, “The Official Chuck Norris Fact Book”, Tyndale House (2009), p. 208

El espantoso silencio de la gente buena

“La historia tendrá que registrar que la mayor tragedia de esta época de transición social no fue el clamor estridente de la gente mala, sino el espantoso silencio de la gente buena.”

Martin Luther King Jr.

No permita que Satanás tome terreno

“No permita que Satanás ponga un solo pie en la puerta de su corazón; cuando terreno santo es perdido, sus emociones comienzan a controlar su mente.”

Miguel Núñez

El mejor tiempo de tratar con la tentación

“El tiempo de tratar con la tentación es cuando tú eres atraído; mucho antes de la primera mordida. Una vez que has mordido la fruta, serás atrapado por el veneno del placer.”

Miguel Nuñez

Lo maravilloso del evangelio de Jesús

Si la palabra que nosotros predicamos es la de alcanzar una posible perfección, y la de justificación por obras, entonces cuando caemos nuestro testimonio cae con nosotros. Pero si lo que predicamos es sobre la sanidad de Crísto provista para nuestras vidas rotas y quebrantadas, y de nuestra incapacidad de tomar siquiera un aliento de respiración sino por la gracia de Dios, entonces, nuestra debilidad exalta a nuestro Dios y estamos funcionando como estábamos supuesto a hacerlo desde la fundación del mundo.

Andrew Peterson

Haciendo crecer a nuestro pecado

¡La negación de mi pecado lo protege, preserva y perpetúa!

Mientras viva de las ilusiones, la fealdad en mí solo puede hacer que crezca.

Walter Wangerin, “Reviviendo La Pasión

¿Es la adicción sexual una enfermedad?

La esencia del pecado es independizarse de Dios, el fracaso en ser dependientes de él. Los adictos sexuales no pasan de ser sanos a insanos por causa de una enfermedad denominada adicción. Ellos se niegan a aferrarse a Dios como la única persona que puede satisfacer sus anhelos más profundos. Este rechazo de aferrarse a Dios como la única persona que puede satisfacer sus anhelos más profundos y aliviar el dolor relacional no se originó en una familia mal constituida, sino en su vergonzoso y engañoso corazón. Y todos tenemos este corazón.

Para ninguno de nosotros es suficiente con cambiar nuestra conducta o incluso mejorar la calidad de nuestras relaciones con los demás. Debemos desarrollar y fortalecer nuestra relación con Dios y reflejar esta relación en nuestra interacción con otras personas. Un adicto sexual cambia verdaderamente cuando cambia su relación con Dios.

Poner a la adicción el rótulo de enfermedad hace desviar la mirada del hecho de que el hombre y la mujer que viven en forma independiente de Dios en una rebelión pecaminosa necesitan desesperadamente la cruz de Cristo y pueden, en el poder de Dios, sobreponerse al pecado. En un intento por hacer que la vida “funcione” independientemente de Dios, cada día más profesionales definen conductas aberrantes en términos de enfermedades en lugar de enfrentar las consecuencias de la caída [la desobediencia de Adán y Eva]. Estas definiciones presumen en forma arrogante que somos capaces de conquistar la complejidad de la conducta humana y resolver los dilemas de como repararla.

El enfoque bíblico [sobre las adicciones pecaminosas] no está en la existencia de una enfermedad que causa un problema, sino sobre el corazón engañoso de una humanidad que crea problemas mayores que la disfunción sexual.

Harry W. Schaumburg, “La Adicción Sexual-Un Enfoque Bíblico a la Intimidad Falsa”, Editorial Mundo Hispano (2009), p. 65, 68

MVP de la Liga Celestial

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MVP, por sus siglas en inglés “Most Valuable Player” (Jugador Mas Valioso), es el reconocimiento que se le otorga al jugador más sobresaliente en un determinado juego, o temporada deportiva. Es un término muy usado en los países de USA, Canadá, Filipinas y Corea del Sur.

Por ejemplo, Eli Manning recién acaba de obtener el reconocimiento de MVP por su desempeño en el evento deportivo mas importante de los Estados Unidos (el Superbowl), mientras Dirk Nowitzki fue considerado el MVP de las finales de la NBA en el 2011, y David Freese fue reconocido como el MVP de la Serie Mundial de Baseball del 2011.

Todos ellos fueron reconocidos con el titulo de MVP (Jugador Mas Valioso) de sus disciplinas deportivas por el impacto significativo que tuvieron en la ofensiva o defensiva de sus equipos.

Ahora, ¿Por qué estoy dando esta pequeño lección deportiva en el día de hoy?

Porque pienso que los cristianos hemos querido traer esa mentalidad individualista y terrenal al reino de Dios. (Y yo me incluyo en ese grupo.)

Hemos caído en el engaño de creer que nosotros, con nuestras propias fuerzas (y aún con la unción de Dios) podemos convertirnos en ese MVP (Jugador Mas Valioso) de la liga celestial. Ese hombre o esa mujer que puede tener un impacto tan sorprendente en la causa de Cristo que moverá a Dios a levantarse de su trono y aplaudir junto al coro de ángeles por nuestra gran hazaña que les ha dejado sorprendidos.

Ya sea por nuestros maravillosos sermones, nuestras grandes campañas, la excelente calidad musical de nuestro grupo de adoración, nuestras muchas horas de oración, nuestro gran conocimiento teológico, nuestra disciplina de ayuno y vigilias, o por haber dejado carreras o demás para servirle, esperamos ser merecedores del titulo de MVP, el cual Dios debe entregarnos de manera personal al terminar la historia de la raza humana.

Pero si somos sinceros, la única razón por la que queremos ser el MVP de la liga celestial, no es para impactar significativamente la causa de Cristo, sino, para el incremento de nuestra fama y el alimento de nuestro ego. (Y yo me incluyo en ese grupo.).

Seamos honestos. Dios no necesita de jugadores MVP en su liga. El solo quiere hijos obedientes a su Palabra. Hombres y mujeres que sigan sus pisadas y vivan vidas integras donde quiera que sean colocados por la providencia de Dios.

Pero estamos tan acostumbrados a escuchar nombres como John Piper, John MacArthur, Rick Warren, Marcos Witt y Billy Graham, entre otros, que pensamos que nuestros nombres tienen que estar a ese nivel para poder tener un impacto a la causa de Cristo, cuando lo que realmente anhela nuestro corazón es poseer la fama y el prestigio que estos hombres poseen.

Debemos recordar que en la liga celestial las reglas son distintas a las de las ligas terrenales. Quien desea ser el primero aquí, deberá ser el último. Y quien quiera ser grande (o MVP), tiene que ser un servidor y servir a todos.

En los versos del 20 al 28 del capítulo 20 del evangelio de Mateo, se nos cuenta sobre la petición que le hizo la madre de los hijos de Zebedeo a Jesús, quien postrada ante El, le solicitó que sus dos hijos se sentaran al lado de El en el reino de los cielos.

Esta oración obviamente no fue nada humilde de su parte, pero muestra el anhelo que mora muy profundamente en el corazón de los seres humanos. El anhelo de recibir el reconocimiento y el engrandecimiento por parte de los hombres o de Dios mismo.

Quizás si hubiéramos estado ahí cuando le hicieron la petición a Jesús nos hubiéramos indignado junto a los discípulos, pero probablemente, y de seguro este sería mi caso, la indignación radicaría en que ellos presentaron su petición al Señor antes que nosotros.

Al final Jesús concluye el evento con unas palabras sorprendentes:

“El que quiera entre vosotros llegar a ser grande, será vuestro servidor, y el que quiera entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo; así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.” Mt. 20:26-28 (LBLA)

Hoy en día ya no se habla de esto. Los mismos líderes religiosos de nuestro tiempo hablan sobre la importancia de estar adelante, de ser cabeza y no cola, y de exigir todos los derechos que le corresponden a un hijo del Dios altísimo, ignorando que el propio hijo de Dios vino aquí a servir y no a ser servido.

En toda la historia de la humanidad siempre ha existido un MVP. Un jugador que ha sido el más valioso año tras año desde la eternidad pasada y lo seguirá siendo hasta la eternidad futura: Dios.

Algunas de sus jugadas más importantes en la historia de la humanidad han sido:

  • Crear el universo de la nada
  • Hacer al planeta tierra habitable
  • Crear los animales
  • Crear al hombre y a la mujer

Y como si todo esto fuera poco, luego de la caída del hombre, Dios realizó la jugada más sorprendente en la historia del género humano. Se hizo hombre y habito entre nosotros con el único fin de soportar el castigo de nuestros pecados, y de esta manera salvarnos de la muerte eterna.

¿Puede alguien mas igualar alguna de estas hazañas?

En los últimos 4 años de mi vida Dios ha estado trabajando este tema en mi corazón. Por mucho tiempo pensé que yo necesitaba convertirme en un MVP de la liga de Dios con tal de impactar a muchos para Cristo. Pero cuando he examinado lo profundo de mi corazón, me he dado cuenta de que la única razón por la que he querido ser un jugador reconocido en la liga celestial, es para obtener el reconocimiento y el aplauso de los hombres.

Seguir a Dios no se trata de convertirnos en el Jugador Mas Valioso de la liga celestial, sino en llegar a ser siervos obedientes al llamamiento de Dios. Y de esta manera, agradar al único público al que le debemos toda nuestra devoción: Dios mismo.