Sin Favoritismos

En Gálatas 3:28 la Biblia nos dice: “No hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús.”
 
En Cristo no hay distinción, ni de ricos, ni de pobres. Como cristianos no debemos condicionar nuestro trato hacia alguien por su posición social. Ya sea que un hermano sea de escasos recursos o de muchos, la expresión del amor de Cristo debe ser la misma, para no caer en favoritismos ni en acepción de personas, ya que la Palabra de Dios nos enseña en Santiago 2:1-4:
“Hermanos míos, la fe que tenéis en nuestro glorioso Señor Jesucristo no debe dar lugar a favoritismos. Supongamos que en el lugar donde os reunís entra un hombre con anillo de oro y ropa elegante, y entra también un pobre desharrapado. Si atendéis bien al que lleva ropa elegante y le decís: «Siéntate aquí, en este lugar cómodo», pero al pobre le decís: «Quédate ahí de pie» o «Siéntate en el suelo, a mis pies», ¿acaso no hacéis discriminación entre vosotros, juzgando con malas intenciones?”

Es clara su palabra, hagamos lo posible para vivirla y para ponerla por obra, que nuestro amor sea para todos sin distinción ya que nuestro Señor, ejemplo nos dio y mandato nos dejó. Saquemos esa distinción de nuestras vidas, ese pecado que mancha nuestra ropa y no tengamos de nosotros un concepto más alto del que debemos tener, conscientes siempre de que el orgulloso y el altivo no agradan a Dios. Así que vamos a ser como el maestro, que siendo rey se hizo siervo. Hagámonos siervos de los siervos y aún de aquellos altivos y difíciles de sobrellevar. Paremos nuestra naturaleza pecaminosa y transitemos por el camino de la excelencia que Cristo nos preparó. Y recordemos que los débiles del mundo escogió Dios para avergonzar a los fuertes (1 de Corintios 1:27).

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